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No es por perder clases, es para garantizar nuestro futuro profesional

A más de un año del cambio de mando en la UCN, liderado por la Dra. María Cecilia Hernández, la relación con el estudiantado ha empeorado, defraudando la expectativa de una mejor gestión respecto a la administración anterior.

Esto se enmarca dentro de una grave desconexión por parte de las nuevas autoridades. Lejos de ser tratados como profesionales en formación y ciudadanos, las demandas de los estudiantes son relegadas a un segundo plano. Esta profunda desconexión con la realidad del estudiantado no solo anula los espacios de diálogo y negociación, sino que transforma la actual administración en una burbuja institucional sorda a las necesidades urgentes de su principal prioridad: los estudiantes.

La problemática que ha surgido respecto a la resolución N°212/2026 de la Vicerrectoría Académica (VRA) y la respuesta institucional han demostrado nuevamente la mirada condescendiente de las autoridades universitarias con las problemáticas estudiantiles. 

El documento emanado desde la VRA establece un nuevo mínimo de 20 estudiantes para la realización de los cursos de pregrado y 15 en los electivos profesionales, un aumento con respecto a la cantidad mínima anterior. Las alarmas se encendieron inmediatamente, ya que esto tendría efectos en el avance curricular del estudiantado: sería más difícil poder repetir asignaturas y abrir cursos que no cumplieran con el mínimo establecido, sobre todo en carreras de Ciencias e Ingeniería.

El primer quiebre se materializó el lunes 8 de junio con el inicio de la paralización estudiantil. A pesar de la entrega de una carta, un petitorio y reuniones mantenidas con la DGE y la DGPRE, la falta de un acuerdo agudizó la crisis. La nula capacidad de ceder en algunos puntos por las autoridades universitarias conllevó a que no hubiera más opción que la toma del campus, una semana después.

La principal responsable del documento que inició la crisis, la VRA, nunca fue parte de las negociaciones de forma directa y esperaron a la toma del campus Angamos para formar una comisión negociadora que entregara soluciones a los estudiantes. Este comportamiento de las autoridades universitarias evidencia la poca seriedad con la que se han tomado esta situación, que es particularmente sensible para el estudiantado. 

Pese a que, la comisión negociadora logró llegar a acuerdos significativos, no logró una respuesta satisfactoria en los puntos más importantes, llevando a los estudiantes a mantener la movilización. Ante esto, la UCN hizo un llamado para el retorno a las actividades académicas, desconociendo el movimiento estudiantil y adoptando una posición donde la universidad es una especie de “víctima” de unos estudiantes que solo buscan perder clases y entorpecer el normal funcionamiento de la institución.

Sin embargo, la realidad es muy distinta. Desde el estudiantado, la prioridad siempre ha sido lograr un buen acuerdo que entregue soluciones satisfactorias a las distintas problemáticas que les aquejan, y que esta sea lo más rápido posible para poder volver a las clases. El problema aquí ha sido que la universidad no pone de su parte para lograr esto, sino que ha tenido una mirada condescendiente hacia el estudiantado, viéndolo simplemente como unos adolescentes que no saben cómo funciona el mundo, más que como profesionales en formación que tienen derecho a manifestarse cuando algo los está afectando.

Esta situación nos recuerda una verdad que en los últimos años parece olvidada en la universidad: el estudiantado y sus necesidades deben ser el centro y la principal prioridad de la institución porque ellos son quienes hacen y entregan sentido a la UCN. Solo a través de un diálogo abierto y armonioso se logrará un acuerdo que ponga fin a la movilización estudiantil y sea el inicio de un nuevo rumbo en la Universidad Católica del Norte.