Chile ha enfrentado una situación difícil desde octubre de 2019. La protesta social mostró no solo los problemas profundos que enfrentamos juntos, sino también nos hizo enfrentar la verdad de un país que, a pesar de su progreso económico, todavía sufre la herida abierta de la desigualdad.
En la actualidad, después de más de cuatro años desde esos momentos de protesta, es esencial cuestionarnos: ¿hemos progresado hacia la justicia social que tanto deseamos?
La negativa al primer borrador de la nueva constitución en 2022 evidenció claramente la complejidad de nuestra situación. A pesar de que había acuerdo general en la importancia de una nueva carta magna, la mayoría de la población no se identificó con el contenido propuesto. Esto señala no solo una falta de acuerdo con las propuestas específicas, sino también una brecha entre las instituciones y los ciudadanos.
¿Cuál es la razón por la cual la gente no se siente representada a pesar de la solicitud de cambios?
Según las encuestas Cadem y Pulso Ciudadano del año 2023, la percepción generalizada en la opinión pública es de malestar. La inquietud hacia nuestras instituciones es preocupante y, debemos indagar en las razones que nos han llevado a esta situación. Las promesas de mejoras en sectores clave como la educación y la salud han sido escasas, lo que hace que numerosos chilenos se sientan desatendidos. Aunque Gabriel Boric ha hecho esfuerzos, las reformas implementadas aún no tienen un impacto significativo.
El costo de vida ha aumentado significativamente, mientras las demandas por justicia social siguen sin resolverse. Varios ciudadanos chilenos continúan peleando para tener acceso a servicios esenciales que el gobierno debería asegurar. Tener acceso a la salud, educación y vivienda adecuada son derechos que deberían ser universales, sin embargo, son privilegios reservados para unos pocos en la realidad.
En este contexto, la búsqueda de una nueva constitución debe ser acompañada de un compromiso genuino por parte de nuestras instituciones. No podemos permitir que la historia se repita, que los sueños de una sociedad más justa se desvanezcan nuevamente. La tarea es monumental, pero no imposible.
El futuro de Chile depende de nuestra capacidad para escuchar, aprender y actuar en comunidad. Es hora de que las inquietudes sociales sean atendidas con seriedad y compromiso. Como ciudadanos y como parte de una sociedad en constante evolución, debemos exigir. La justicia social no es solo un ideal.
Es una necesidad urgente.
